El amanecer se colaba con dificultad a través de la neblina que cubría el Valle de las Tierras Sombrías. Ainge y Kael avanzaban por el terreno accidentado, el aire cargado de humedad y magia latente. Cada paso era calculado, cada sonido debía ser interpretado, pues la manifestación de la entidad ancestral no había cesado; se sentía latente, observándolos incluso en la aparente calma. La Ceniza se había estabilizado de manera inquietante tras la última confrontación, como si hubiese absorbido pa