El amanecer cayó sobre Lirien como un velo dorado que intentaba disipar la oscuridad que todavía se cernía sobre los muros del castillo. Sin embargo, la luz no podía tocar todo; algunos rincones permanecían eternamente en penumbra, y era allí donde la verdadera amenaza comenzaba a gestarse. Ainge se encontraba en la torre más alta, contemplando los jardines que parecían vibrar con energía propia, mientras Kael revisaba los informes que llegaban desde los puestos avanzados. El silencio de la mañ