El Pulso no volvió como una explosión.
Regresó como una respiración.
Ainge fue la primera en sentirlo. No en la piel, ni en la magia, sino en un lugar más profundo, allí donde las decisiones aún no tienen forma y solo existen como intuiciones que presionan suavemente desde dentro. Abrió los ojos antes del amanecer, cuando el cielo todavía era una mezcla indecisa de sombras y ceniza clara, y supo que algo se estaba moviendo otra vez.
No despertó a Kael de inmediato.
Lo observó dormir, apoyado de