El amanecer se filtraba entre las torres ennegrecidas del antiguo fuerte de Skarn, iluminando la tierra con una luz fría y metálica. La bruma todavía se aferraba a los valles, mezclándose con el olor acre de la ceniza que Ashkariel había dejado tras su última manifestación. Kael y Ainge se encontraban en la cima de la fortaleza, sus siluetas recortadas contra un cielo teñido de púrpura y naranja. El silencio de la mañana era engañoso: bajo esa quietud se gestaban movimientos y traiciones que po