El alba se filtraba en la Sala de Consejos de Lirien, iluminando los muros de piedra cubiertos de tapices que contaban la historia de reyes y batallas mágicas. Ainge y Kael se movían como sombras sincronizadas, conscientes de que cada gesto, cada palabra y cada mirada podían alterar no solo la percepción de la corte, sino la estabilidad de los sellos de la Ceniza. La traición de Alaric y Serel había tensionado la política al máximo, y la joven hechicera sabía que su único recurso era combinar s