El grito mudo de Horus, ahogado en la garganta al ver la palidez espectral de su hermana Elif y al notar la ausencia de su esposa, resonó en el bullicio de la celebración familiar. Los vítores de la medianoche se sintieron inmediatamente profanos.
—¿Dónde está Senay? —la pregunta fue un disparo que silenció a Set Arslan y a Dilara en medio de sus deseos de prosperidad.
Elif, la joven, apenas podía hablar. Sus ojos se movían frenéticamente entre el primogénito, su padre y la puerta.
—No... no s