Alex salió corriendo a tomar el ascensor privado, llegó al estacionamiento y por más que sabía bien que Lina ya no estaba, miró cada lugar del estacionamiento para ver si se encontraba. Llegó a su auto y lo encendió; apenas el motor dio vida, salió quemando llantas del lugar. Pasando varios semáforos en rojo, pasando por altas señales de tránsito, yendo a una velocidad no permitida, llegó al resto. Olvidándose de la empresa, de la reunión, de los planes, ya no importaba nada más que encontrar a Lina y hacer que lo perdonará. No podía explicarle nada, ya que no había explicación para lo que había visto, pero si podía pedirle perdón y prometer que no volvería a pasar.
Al entrar al resto a la primera que ve fue a Sole, que comía una exagerada porción de mouse de chocolate.
—Sole, ¿has visto a Lina? —abordó en cuanto llegó a la pelirroja.
—Hola, ¿todo bien?… Sí, todo bien… ¿Tú bien?… Todo perfecto, mejor imposible…
El sarcasmo de Sole fue interrumpido por la urgencia de Alex.
—No estoy pa