Capítulo 36

Sofi queda en un estado catatónico total, no puede hilar palabra alguna, ni mover sus pies, sus extremidades no hacían caso a las órdenes fundadas por su cerebro, solo podía mirar todo el cuarto sin siquiera respirar como era debido.

Todo el lugar estaba por completo cubierto por unas cortinas negras, cada pared vestía una y al mirar al techo, se da cuenta que también estaba cubierto por una cortina negra. En el lado derecho había cajoneras de roble, más al fondo una enorme cama redonda con dosel escarlata que caía hasta tocar el suelo. Del otro extremo había una mesa de metal con rejillas en cada punta; contra la pared, que se situaba frente a ella, había una gigantesca cruz de San Andrés. Pero lo que más llamó su atención, fue una sugerente jaula gigante dorada que colgaba del techo, suspendida en el aire apenas unos centímetros sobre el suelo, dentro se encontraba una pequeña hamaca con las cadenas doradas y el asiento de terciopelo escarlata.

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