Su voz no era elevada, pero tampoco permitía una réplica de su parte. Ian sabía bien que no tenía que darle lugar a que ella piense mucho, ya que la vergüenza la iba a volver a inhibir y no es lo que quiere en ese momento, además, no soporta su dura y dolorosa erección y las ganas que tiene de estar dentro de ella. Le da una mirada significativa y se gira sobre sus talones para salir de la habitación.
—¿A dónde vas?
—Ahora vuelvo. Cámbiate —le ordena, señalando la prenda sobre la cama.
Ella sus