Su voz no era elevada, pero tampoco permitía una réplica de su parte. Ian sabía bien que no tenía que darle lugar a que ella piense mucho, ya que la vergüenza la iba a volver a inhibir y no es lo que quiere en ese momento, además, no soporta su dura y dolorosa erección y las ganas que tiene de estar dentro de ella. Le da una mirada significativa y se gira sobre sus talones para salir de la habitación.
—¿A dónde vas?
—Ahora vuelvo. Cámbiate —le ordena, señalando la prenda sobre la cama.
Ella suspira varias veces antes de girarse hacia donde se situaba la dichaa prenda sobre la sugerente cama. Con duda y vacilación comienza a desvestirse, sintiendo que su rostro se va a prender fuego de la vergüenza a medida que va sacándose la ropa e imagina como le quedará ese singular traje. Una vez desvestida, decide sacar todas sus dudas y toma el pantalón para ponérselo con cuidado. Cuando el cuero frío tocó su piel desnuda, más precisamente su sexo, toda su piel se erizó siendo consciente de lo q