—Fer, podríamos ir a otro lugar con más clase —dice escrutando el lugar. Sin duda a Lina le empezó a hervir la sangre, pero se mantuvo con calma.
—Faltaba la rubia plástica para gritar “bingo” —murmura Tony por lo bajo para que solo escuchen ellas tres y no la pareja de Cosmopolitan que se posaba frente a ellos.
—Me gusta aquí —responde el hombre sin quitarse los ojos de Lina.
—Atiéndanlos. Voy a dejar la cartera —indica Lina sin dedicarle ninguna mirada más a la parejita de ficción.
—¿Qué les sirvo? —habla Sofi, dedicándole una sonrisa amistosa, la sonrisa típica de dependiente a cliente.
—Un café negro y otro con crema, por favor.
—¿Algo más?
—Sí, mmm... Una magdalena, claro está que es para mí, ya que ella —dice señalando con el pulgar por encima de su hombro a la mujer que ya había tomado asiento en una de las mesas—… no creo que quiera ingerir azúcar —comenta divertido.
—Seguro. Puede sentarse, seguido le llevo el pedido.
—Gracias —asiente y se dirige con andar seguro hacia su me