Busca la ropa y se la tiende para que se vista, mientas él busca su bendito saco que ella lanzó por el aire que de seguro estaría arrugado. Encuentra su maldito saco de corte italiano tirado en el suelo al otro lado del escritorio. Sonríe al verlo ahí y niega con la cabeza, es su traje favorito y Lina lo trata como si fuera un saco de esos que compras en alguna feria de barrio. Lo levanta y trata de estirarlo lo mejor que puede, sacudiéndolo y pasándole la mano para tratar de alisar las arrugas.
— ¿Quieres una plancha? —se burla la joven.
—Te divierte, ¿verdad?
—Solo decía.
—Como si tuvieras una.
—Como si la fueras a usar —retruca ella.
—Un día te voy a obligar a plancharme todos los trajes que has lanzado por ahí cuando me desnudas —La amenaza no hizo más que arrancarle una sonora carcajada a Lina.
—Bueno, la mejor salida para que eso no ocurra, es que no te desnude, de esa forma no tiraría tus trajes por ahí —Gesticula con la mano al aire—. Por lo tanto, cero sexo —Suspira con exage