A la mañana siguiente, el niño se levanta y se va a desayunar como todos los días, a Sofi se notaba la tristeza, una tristeza que Mateo no podía curar, aunque sabía cuál era el motivo, sin embargo, no podía decir nada al respecto hasta que ella decidiera hablar.
—Buenos días —saluda Sofi mostrando una sonrisa.
—Buenos días —dice el niño.
— ¿Cómo dormiste? —se interesa la castaña.
—Bien —contesta el niño elevando los hombros con despreocupación—. ¿Hoy quién nos va a buscar a la escuela?
—Todavía