Cerrando la puerta a su espalda comienza a caminar hacia ellos, se detiene al lado de Fernando y extiende la mano para saludarlo. A Alex no le hacía mucha gracia que ese hombre estuviera ahí, porque sabe perfectamente lo que le pasaba a ese hombre con su mujer, pero también sabe que lo que siente su mujer por él, no lo siente por nadie, ni nunca lo va a sentir. Además, tenía que darle crédito a Fernando por haberla ayudado el día del atentado.
—¿Qué tal? —saluda el recién llegado.
Fernando le estrecha la mano.
—Hola, Alex —corresponde Fernando.
—¿Cómo va todo? —le pregunta el rubio mientras camina a saludar a su chica.
—Muy bien, gracias a Dios —le responde con cordialidad, aunque la tensión se sentía en el aire. Eran preguntas y respuestas sistemáticas y se podía sentir como tironeaban las sonrisas.
—Me alegro escucharlo.
Alex besa a Lina en la boca y se queda junto a ella parado como una escolta, marcando siempre su territorio. Fernando se da cuenta de la postura protectora d