Cerrando la puerta a su espalda comienza a caminar hacia ellos, se detiene al lado de Fernando y extiende la mano para saludarlo. A Alex no le hacía mucha gracia que ese hombre estuviera ahí, porque sabe perfectamente lo que le pasaba a ese hombre con su mujer, pero también sabe que lo que siente su mujer por él, no lo siente por nadie, ni nunca lo va a sentir. Además, tenía que darle crédito a Fernando por haberla ayudado el día del atentado.
—¿Qué tal? —saluda el recién llegado.
Fernando le