Mateo que no podía dar crédito a todo lo que escuchaba por parte de la mujer, no sabía qué responder y su voz no salía, por lo que se limitó a asentir con la cabeza y tragó con fuerza para pasar el nudo en la garganta. Era un gran día, sin duda. Ian se unía a la familia casándose con Sofi y su abuela, al fin lo aceptaba como su nieto. También se unía a la familia, esa pequeña familia que Sofi le regaló cuando decidió adoptarlo, cada vez se estaba haciendo más grande y eso que todavía no contaba a la gente que esperaba por ellos en Buenos Aires. Los amigos de Sofi, que le dejaron bien claro que eran una familia y que siempre iban a estar para lo que necesitaban.
—¿Me adoptas como tu nieto? —le pregunta cuando encuentra su voz.
—Creo que tú me adoptaste a mí —entona la abuela—. Ya puedes decirme como más te guste. Nonna, abuela, sé que en Buenos Aires dicen de esa manera o nana, como quieras.
—Nonna, me gusta —asiente Mateo parpadeando varias veces para que las lágrimas no cayeran.
—Bie