Parte veintitrés

Violet suspiró algo irritada, entró y cerró lentamente, para después dejar caer su cabeza sobre la puerta.

Sonrió cuando la jefecita se acercó y abrazó sus piernas, volviendo a recuperar la calma, la levantó y regresó a terminar lo que seguía haciendo.

Molesta, al no obtener la satisfacción que había esperado, Fermina salió del lugar.

La mujer temía a la reacción de Ignacio, pero presentía que Violet no le diría nada.

Al ver los avances en sus tatuajes, Ignacio sonrió satisfecho.

—¿Terminamos l
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