Violet suspiró algo irritada, entró y cerró lentamente, para después dejar caer su cabeza sobre la puerta.
Sonrió cuando la jefecita se acercó y abrazó sus piernas, volviendo a recuperar la calma, la levantó y regresó a terminar lo que seguía haciendo.
Molesta, al no obtener la satisfacción que había esperado, Fermina salió del lugar.
La mujer temía a la reacción de Ignacio, pero presentía que Violet no le diría nada.
Al ver los avances en sus tatuajes, Ignacio sonrió satisfecho.
—¿Terminamos l