Su rostro reflejó un leve desconcierto que rápidamente intentó ocultar.
Su padre lo notó y decidió acercarse a él.
Sin embargo, la mujer sonriente apoyó su mano en la espalda de Ignacio, la cual él quitó, luego miró en la dirección de Violet.
Notó ese gesto tóxico que no lograba ocultar.
Sonrió, y él se quedó a hablar con su suegro. Violet no podía evitar observar cada detalle, cada gesto, y aunque sabía que no tenía razones para sentirse incómoda, un sentimiento inexplicable la invadió