Jules corría por el largo pasillo decorado con piedras. La oscuridad era su única amiga y solo un débil rayo del sol provenía de la lejana entrada. Su cuerpo fue alzado y soltó una gran carcajada.
–Suéltame, suéltame–gritaba con alegría.
–Te atrapé pequeño renacuajo– la voz del hombre mayor salía junto a risas, abrazando al niño entre sus brazos.
El pequeño rodeó el cuello masculino y besó su mejilla mientras este lo llevaba hacia su oficina.
–Papá,¿ qué es eso?– señaló en dirección a la ventab