Había un sonido constante en el fondo. Era molesto, insistente y afectaba su concentración. Traspasaba vagamente la nebulosa en su mente. Su cuerpo estaba fuera de sí y apenas tenía control sobre él. Los dientes en su cuello en vez de dolor mandaban estremecimientos por cada fibra de su ser. En sus ojos, los colores se distorsionaban, se saturaban cada vez más, mientras sus manos se enterraban en la espalda del lobo, la que mantenía cautiva entre los fuertes brazos, manchado la tela con pequeña