[KEIRA]
Literalmente, el ministro Verán me ha tenido más de media hora lejos de mi esposo contándome sobre nuevos proyectos benéficos que la fundación está planeando. Como siempre, he accedido a colaborar: las causas que apoyan me parecen profundamente importantes. Cuando por fin termina nuestra conversación, regreso a la parte principal del salón y busco a Dane entre la multitud.
Lo encuentro de pie frente a la barra central, que ocupa gran parte del lugar gracias a sus paneles iluminados y a los candelabros de cristal que cuelgan sobre ella. Camino hacia allí con calma y, al acercarme lo suficiente, noto que a su lado hay una mujer de cabello rubio liso y curvas pronunciadas, realzadas por un vestido dorado que no pasa desapercibido.
La escucho preguntarle a qué se dedica. Reconozco su actitud de inmediato: le está coqueteando. No soy una mujer extremadamente celosa, pero tampoco me agrada esa clase de acercamientos. Respiro hondo y avanzo con paso elegante, espalda recta y segurida