[DANE]
Respiro profundo y exhalo mientras esperamos a que nos abran la puerta. Puedo sentir la mirada de mis padres sobre mí, como si se preguntaran si estoy seguro de esto o si, directamente, he perdido la razón. Soy consciente de que para ellos nada de esto es fácil. Después de todo, el señor Olavarría ha sido el jefe de mi padre durante muchísimos años. Es tal el grado de confianza que existe entre ambos que, en parte, por eso mismo estamos viviendo aquí, en España.
Quisiera poder decirle a mi padre que todo estará bien, que no se preocupe, que Keira y yo no haremos que la relación entre él y el señor Olavarría se tense. Pero, honestamente, no puedo prometer nada más que la felicidad que quiero y pretendo darle a Keira. La vida está llena de incertidumbres, y hacer promesas de esas que se construyen día a día —o que son difíciles de cumplir— no es algo que se deba tomar a la ligera.
No pasa mucho tiempo antes de que la puerta se abra. Allí está la señora Olavarría. Sus ojos cafés n