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—Eres mi vida entera. —Le susurró Alejandro al oído.—¿Qué más quieres, Olivia?
—Todo de ti. —Respondió Olivia robándole hasta el alma con sus besos.—Hasta que no quede nada de ti que no sea mío.
—Tú eres peligrosa. —Se quejó Alejandro frunciendo el ceño, como si estuviera sufriendo.—Una parte de mí siempre está incompleta si no te tengo. ¿Qué me hiciste, Olivia?
—Quiero que siempre sea así. —Susurró Olivia acariciando su rostro.—Que ninguno pueda vivir sin el otro.
—Para ti es todo o nada, ¿Verdad? —Se rió Alejandro.—Está bien, que así sea. Ya estoy en el infierno sin ti.
Esta vez ambos llegaron juntos al orgasmo y mientras esperaban a que el nudo se desinflamara, se dieron besos y mimos. Cuando Alejandro salió de su interior, se bajó de la cama y tiró de Olivia hacia el borde del colchón.
—Date la vuelta, sobre tu estómago. Y mantén una rodilla sobre el colchón y la otra pierna en el suelo.
Olivia tuvo escalofríos mientras obedecía, su espalda arqueada y sus caderas elevadas. Una pos