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—Vine por mi alfa. —Olivia sonrió con inocencia y le enseñó la llave—. ¿Sabes qué es esto, Alejandro?
El alfa maldijo.
—Dime que no hiciste lo que estoy pensando.
Olivia sintió pequeños escalofríos mientras la llave se deslizaba por debajo de su ropa; se sacudió un poquito para que siguiera bajando hasta perderse en el lugar más delicado de su cuerpo.
—¡Dame la llave, Olivia!
La omega negó con la cabeza mientras unía sus manitas frente a ella y sonreía con malicia.
—Si la quieres, ven a buscarl