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—Vine por mi alfa. —Olivia sonrió con inocencia y le enseñó la llave—. ¿Sabes qué es esto, Alejandro?
El alfa maldijo.
—Dime que no hiciste lo que estoy pensando.
Olivia sintió pequeños escalofríos mientras la llave se deslizaba por debajo de su ropa; se sacudió un poquito para que siguiera bajando hasta perderse en el lugar más delicado de su cuerpo.
—¡Dame la llave, Olivia!
La omega negó con la cabeza mientras unía sus manitas frente a ella y sonreía con malicia.
—Si la quieres, ven a buscarla.
—No estoy para bromas y lo sabes. —Alejandro cerró los ojos con fuerza y apretó las manos. El agua de la ducha, deslizándose por su cuerpo, y su cabello mojado hicieron que se viera tan jodidamente sexy que el corazoncito de la omega latió con rapidez y sus piernas temblaron—. Ambos sabemos que esto acabará mal. Déjate de juegos y dame la maldita llave de la habitación.
—Tú me quieres y yo a ti. No saldremos hasta que volvamos a estar juntitos y felices otra vez.
El alfa apretó con fuerza los