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—¡Ya no me importa!—Chilló furioso Manuel—¡Ninguna herencia vale todo este maltrato!
—Oh, perdón. ¡Déjame llamar a la asociación protectora de animales!
Mientras tanto, todos los asistentes al torneo que optaron por disfrutar del juego en el mirador, observaban con lujo de detalles el espectáculo a través de las pantallas gigantes que fueron instaladas especialmente para los torneos. Entre ellos se encontraban las omegas White, y los Alfa David y Matthew. Los cuatro estaban sentados en una amplia mesa con vista al campo para que el abuelo pudiera verlos incluso de lejos.
—Pobrecito...—Se lamentó Harper, con una expresión de desconcierto mientras observaba la escena.—¡Pero si el abuelito no tiene ese carácter! ¡Es una dulzura!
—¡Así es con ustedes! Tiene el pensamiento de que a las omegas se les consiente. Además ni siquiera son sus nietas y las adora. Pero con nosotros la historia es diferente.—David tuvo escalofríos.—Esa viejo es el diablo.
Matthew estuvo de acuerdo.
—Y eso que tú no