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—¡Eso lo hace aún peor!—Chilló Harper.—Pronto va a querer que tengamos cachorros. ¡Y yo no voy a cambiar pañales!
—Lo terrible es el olor, pero no es difícil.—Olivia lucía tan decaída que Harper se quiso suicidar.
—¿Qué fue lo que te pasó durante ese fin de semana? ¡Estás tan cambiada que no te reconozco!
—Olvídalo, tú no lo entenderías.
—¿Cómo te atreves a decir eso? Me lastimas. Y yo defendiéndote de Patrick.—Harper se enojó.—¿Sabes qué? ¡Qué bueno que te van a casar con el fantasma andante! ¡Ojalá te llene de cachorros y no te contrate una niñera para que tengas una montaña de pañales que cambiar!
—¿Te das cuenta? ¡Solo nos dedicamos a pelear sin escuchar a la otra!
—Así somos nosotras, se supone que ya estás acostumbrada.
Olivia se hizo bolita mientras Harper la abrazaba y le daba un beso en la cabeza.
—No quiero emparejarme con Matthew. ¿Por qué solo lastimo a los alfas a mi alrededor, Harper? Al que amo no lo puedo conservar y al que me ama no lo quiero.
—Debe haber alguna soluc