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—¡Eso lo hace aún peor!—Chilló Harper.—Pronto va a querer que tengamos cachorros. ¡Y yo no voy a cambiar pañales!
—Lo terrible es el olor, pero no es difícil.—Olivia lucía tan decaída que Harper se quiso suicidar.
—¿Qué fue lo que te pasó durante ese fin de semana? ¡Estás tan cambiada que no te reconozco!
—Olvídalo, tú no lo entenderías.
—¿Cómo te atreves a decir eso? Me lastimas. Y yo defendiéndote de Patrick.—Harper se enojó.—¿Sabes qué? ¡Qué bueno que te van a casar con el fantasma andante!