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—Voy a responder a tu pregunta ahora mismo.—Olivia lo besó con el alma, acariciando el rostro de su alfa y peinando su cabello azabache hacia atrás, rogando porque no fuera la última vez.—Yo te amo. Y mucho. Tienes que saberlo.
—Lo sé, solo quería escucharte decirlo. Eso me tranquiliza.—Alejandro sonrió entre besos.—Pedí tu café de siempre y un trozo de pastel de chocolate. Vas a comerlo todo, no quiero escucharte hablar de la dieta. Yo te amaré aunque estés gordita. ¿Entendido?
Olivia asintió y frotó su nariz contra la del alfa, tratando de llenarse de su aroma, de la sensación de estar entre sus brazos y de la dulzura de sus labios.
—Por cierto... ¿De qué querías hablar, Olivia?
Sagrada luna, haz que me perdone... Por favor.
—¿Te pasa algo? No importa qué sea, lo vamos a solucionar juntos.
—Escúchame primero. Ya no digas nada más o perderé el valor.
Alejandro se había puesto serio, toda la ternura de hace unos minutos desapareció.
—De acuerdo, habla. No te voy a interrumpir.
—Alejan