.22.

Olivia sonrió al sentir los labios de Alejandro adorando su rostro, borrando el rastro de lágrimas. Hacer el amor con Alejandro siempre había sido así: ser devorada suavemente, adorado con palabras y besos. Su Alfa era un lobo que amaba dar mimos, perezoso y seductor.

Horas después, sus cuerpos eran un enredo de piernas y brazos sobre la suave alfombra. Afuera podía estar nevando, pero ellos no eran conscientes de nada. Había tanto amor que se mantenían cálidos entre los brazos del otro. El chasquido de besos y suspiros era lo único que se escuchaba.

—No vuelvas a huir de esa manera, Olivia.—Alejandro se alejó un poco para contemplar su rostro. Sus ojos adormilados y saciados eran algo digno de admirar.— Tú y yo no hacemos eso. ¿De acuerdo?

—¿Estás enfadado conmigo? —se atrevió a preguntar Olivia.— ¿Por no darte la respuesta que esperabas?

—Fue mi culpa. Supongo que verte junto a mi familia y sosteniendo al cachorro hizo que mi mente volara y se llenara de planes. Llevamos poco tiempo
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