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Olivia sonrió al sentir los labios de Alejandro adorando su rostro, borrando el rastro de lágrimas. Hacer el amor con Alejandro siempre había sido así: ser devorada suavemente, adorado con palabras y besos. Su Alfa era un lobo que amaba dar mimos, perezoso y seductor.
Horas después, sus cuerpos eran un enredo de piernas y brazos sobre la suave alfombra. Afuera podía estar nevando, pero ellos no eran conscientes de nada. Había tanto amor que se mantenían cálidos entre los brazos del otro. El cha