Suelto un bufido despectivo, sacudiendo la cabeza.
—Estás perdiendo el tiempo, Harrison. Sus padres están muertos. Ella es huérfana, no tiene a nadie.
—Eso no importa, Thomas —me rebate el doctor, sosteniéndome la mirada sin acobardarse—. Estén vivos o muertos, dejaron un rastro. Necesitamos nombres, actas, registros de nacimiento, lo que sea. Incluso si sus padres también eran huérfanos, hay que tirar de ese hilo para armar el árbol genealógico completo. Es la única forma de saber de dónde sal