—Thomas, ¿qué haces? —preguntó, retrocediendo un paso, paralizada por el horror de la escena.
Retiré los colmillos de inmediato y solté el cuello de Vesper, que cayó al suelo de rodillas buscando aire desesperadamente entre los vidrios rotos.
—Emma, no es lo que piensas... —dije, dando un paso hacia ella con las manos en alto.
Pero el pánico ya se había apoderado de ella. Emma me miró como si no me conociera, se dio la vuelta y salió corriendo a toda prisa por el pasillo.
El sonido de sus pasos