Capítulo 53. Perdiendo el control.
Nadie dijo nada por unos segundos y la tensión se volvió insoportable. Amanda negó con la cabeza, soltando una risa amarga.
Sus ojos verdes brillaban a punto de llorar, mostrando un dolor puro y profundo.
—Me gustó cómo me tocabas —le escupió, mirándolo fijo, obligándose a decir la verdad en voz alta—. Me gustó cómo me veías con esos malditos pupilentes oscuros. Me hiciste sentir importante, deseada como una diosa... y ahora cada uno de esos recuerdos me da tristeza. Me avergüenzan hasta el pun