LETICIA
La fiesta transcurrió de un modo ameno y se realizaron innumerables brindis. Sin embargo, estaba muriendo de celos porque no podía dejar pasar el hecho de que Alessandro no apartaba sus ojos de Leah.
Frustrada, comencé a beber, mientras vigilaba las miradas disimuladas que mi esposo le dirigía a la esposa de su padre, quien, para mi pesar, lucia arrebatadora y a diferencia de cuando inicio la ceremonia, ahora se veía efervescente y brillaba como una antorcha.
Se había vuelto el centro d