LETICIA
Alessandro y yo bailamos mientras los invitados nos contemplaban, curiosos. Era cierto que nunca había bailado antes con él y me sentí repentinamente dolida por la falta de aquella clase de pequeñas experiencias en nuestra relación, aunque tampoco podía darle ese mote a lo que teníamos en aquel momento, y, para ser franca, tampoco tenía la más pálida idea de qué éramos exactamente, porque todo surgió de un chantaje derivado a un trato, donde no había habido cortejo, ni nos habíamos cita