ALESSANDRO
—Creo que es mejor que vaya a ducharme… —susurré molesto, saliendo de la cama para ir al tocador. Deseaba cargarla entre mis brazos y llevarla conmigo, tallar la sedosa piel de su cuerpo… volver a hacerla mía, mientras el agua se escurría sobre su cuerpo. Que el sonido de la ducha amortiguase los gemidos y alaridos de placer de nuestras bocas. Sin embargo, necesitaba un momento a solas para asimilar lo que acababa de ocurrir.
Tantos años maldiciéndola, detestándola ¿por nada?
Y ni si