LETICIA
En la enorme mesa rectangular, gracias a Dios no me senté ni al lado de Alessandro, quien ocupaba una de las cabeceras al igual que su padre, ni al lado de Leah. Adara tuvo la gentileza de pedirme que me sentara con ella con la excusa de que deseaba conocerme un poco más.
Sin embargo, podía sentir como la mirada de ambos no se apartaban de mi persona y era sometida a juicios distintos en los que ninguno de ellos dos tenían la razón.
—No tomes a mal a mi hermano; solo tiene miedo de qu