LETICIA
En mi cabeza seguían retumbando las palabras de la esposa de mi supuesto suegro.
La sugerencia de esa mujer, dejando la impresión de que estaba siendo cómplice de Alessandro, había sido muy clara.
Pensar en que ellos dos hubieran o, en el peor de los casos, tuvieran algo que ver emocionalmente, hizo que se me revolviera el estómago. Tragué con esfuerzo, notando que me costaba respirar. Alessandro tendría que darme algunas explicaciones si quería que siguiera con su absurdo teatro.
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