LETICIA
Desperté sobresaltada por el pitido del despertador, sintiéndome aturdida al abrir mis párpados y encontrarme en una impresionante habitación que no era mía. Me removí en la cama, inquieta, recordando vagamente mi llegada a Miami y a la enorme mansión Antonopoulos. El desajuste de horario me tenía totalmente perdida.
Cuando salí de la cama, vi un hermoso vestido rojo colgado por el perchero que estaba situado al lado del tocador. Resoplé con resignación al imaginar que Alessandro consid