Capítulo 86. Confesión ajena
Bianca cerró la puerta detrás de Irina, se cruzó de brazos y miró a Alex con una mezcla de curiosidad y desdén.
— ¿Qué le pasa a Irina? —Preguntó, su tono cargado de sospecha—. Se veía como si hubiera estado llorando. ¿Acaso está destrozada porque nos vio besándonos antes?
Alex frunció el ceño, claramente molesto. Dio un paso hacia Bianca, manteniendo la calma, pero con una firmeza que esperaba no dejara lugar a duda.
—Bianca, esas son ideas tuyas —respondió con voz grave—. No hay nada