Capítulo 28. Seducidos en la adversidad

Estaba cayendo la tarde, Irina sentía el cuello rígido, Alex estaba igual de cansado, pero contra todo pronóstico pudieron sacar adelante los heridos que requerían ser operados.

Ahora estaban fuera del frigorífico atendiendo a los heridos superficiales. Aún quedaban muchos enfermos gimiendo a coro lamentos. El aire en la bodega de vinos era denso, cargado del aroma dulce y fermentado de la uva, mezclado con el olor metálico de la sangre. Irina se movía con soltura entre los heridos, ahora es
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