Capítulo 27. Manos firmes
Irina se quedó sin palabras, su mente era un torbellino de confusión. Necesitaba saber la verdad, pero ¿cómo? Alex Salvatore se burlaba de ella como felino con su presa.
— ¡Usted está loco!
Alex subió un hombro.
—Tendré que considerar la posibilidad —murmuró con una sonrisa en el tono.
—Es mezquino y cruel de su parte que me nombre a mi esposo, ¿cree que es el momento adecuado para jugar con mis sentimientos? —Le increpó Irina indignada.
—Te prefiero furiosa que asustada —respond