Capítulo 134. La sombra de la desconfianza
En el camarote principal del yate Irina y Alex discutían, los niños llenos de adrenalina y cargados de azúcar en sus sistemas, habían tardado horas en dormirse. Finalmente Irina y Alex podían expresar la preocupación que sienten.
Alex caminaba de un lado a otro, su cuerpo reflejaba tensión contenida, su mente dividida entre la urgencia de volver y la responsabilidad que tenía frente a Irina y los niños.
—Tengo que ir —afirmó, su voz firme, pero controlada—. No puedo quedarme aquí mientras