La brisa del océano golpeando las aguas emitían sonidos relajantes.
Irina siempre adoró el mar, su belleza imponente y su sonido, aunque pronto el auto de Alex cruzó las calles tranquilas de los Hampton. Era imposible que Irina no se sintiera más relajada. A diferencia de la ciudad, aquí todo tenía un ritmo pausado, elegante, como si el peligro y el caos que habían dejado atrás pertenecieran a otra realidad.
Irina miró por la ventana, observando las casas lujosas, los pequeños cafés co