Capítulo 82. Hogar
La habitación era más grande de lo que Mya hubiera imaginado. Las ventanas altas dejaban entrar una luz cálida que se derramaba sobre los tapices bordados, las sábanas de lino y el suelo de madera oscura. Nunca había estado en un lugar así, y mucho menos como huésped. Caminó lentamente, mirando los detalles, sin atreverse aún a sentarse. Matilda y Alina la acompañaron en silencio, con una discreción que Mya agradeció.
—Si necesitas algo, estaré justo en la sala de al lado —dijo Alina, tocándole