Capítulo 73. El sueño de la cautiva
El dolor la despertó antes de que la pesadilla terminara. Un grito ahogado escapó de sus labios cuando se incorporó, temblando. Estaba cubierta de sudor y su respiración era errática. La prisión subterránea estaba sumida en la penumbra, apenas iluminada por la rendija que entraba desde la trampilla cubierta de tierra y ramas. Se llevó la mano al bajo vientre. Dolía. Ardía como si su cuerpo supiera que debía moverse, hacer algo, escapar.
Pero lo que más la perturbaba no era el dolor físico.
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