La mañana amaneció gris y cargada de humedad. Devon se despertó sintiéndose extrañamente vacío, aunque físicamente ya estaba repuesto de la fiebre que lo había azotado la noche anterior. Alina ya no estaba en la habitación; había salido temprano para no molestarlo.
Devon se incorporó lentamente. Mientras se vestía, sus ojos se posaron sobre el escritorio desordenado. Un mapa se había deslizado al suelo y, al agacharse para recogerlo, vio un pliego de papel mal doblado, con un sello quebrado y f