Capítulo 119. Miedo
La niebla era tan espesa que parecía una pared blanca colgando en el aire. La madrugada avanzaba lenta, y el frío mordía hasta los huesos. Los Darkfang se movían en silencio ahora; los tambores habían callado, dejando solo el golpeteo de las botas y el resoplido de los caballos.
El líder enmascarado cabalgaba al frente, con la mirada fija en el sendero que se abría entre las colinas. El horizonte estaba cubierto de sombras largas, y la luna, oculta tras nubes bajas, apenas iluminaba la marcha.