Capítulo 116. Sin piedad
El aire estaba cargado de un silencio denso, como si el bosque mismo contuviera la respiración. El campamento de los Darkfang bullía de movimiento: armaduras ajustadas, filos afilados, rostros tensos. Los tambores retumbaban levemente, anunciando que algo estaba a punto de comenzar.
El líder enmascarado permanecía de pie frente a su tienda, la sombra de la tela proyectando un velo oscuro sobre su figura. Su amante, envuelta en un abrigo de piel negra, lo observaba con una mezcla de expectación