[Donovan]
Maldita sea, Cassia. ¡Responde el teléfono!
Los minutos se me estaban haciendo eternos, y sentí que el tiempo dejó de correr cuando llegamos a la ubicación y el sedán negro de Gregory estaba estacionado torpemente frente a la fábrica abandonada. Mi gente se detuvo alrededor y se bajaron con agilidad, con pistolas en mano, dispuestos a atacar ante cualquier movimiento extraño.
Adrik, ni se te ocurra ponerle una mano encima a Cassia.
Cuando cruzamos la entrada del almacén, mi corazón es