Cuando mis ojos por fin se abrieron, lo primero que percibí fue el penetrante olor a antiséptico. Arrugué la nariz como si aquello fuera lo peor que hubiera olido en mi vida. La luz blanca de la habitación me molestó, y tuve que parpadear varias veces para acostumbrarme a ella.
Un dolor agudo y molesto me atravesaba la cabeza y, al intentar moverme, sentí la incomodidad de una aguja en mi mano. Una vía intravenosa me conectaba a una bolsa de suero que colgaba sobre mi cama.
¿Por qué tengo esto?