Todos en la casa ya dormían cuando bajé al despacho de Donovan. Era bastante tarde y, aunque él me pidió que no lo esperara despierta —ya que aún tenía mucho por resolver—, yo no podía dormir sin decirle lo que había sucedido durante la cena.
Nos prometimos contarnos todo, y esto era imposible de ignorar. Se trataba de su familia.
Caminé en silencio por el pasillo, con el sobre dorado temblando ligeramente entre mis dedos. Había estado pensando durante horas si debía mostrarle o no la invitació