El aire olía a ansiedad, a papeles recién impresos y a una extraña mezcla entre perfume caro y barato. Cada paso que daba hacia esa sala de audiencias retumbaba en mis oídos con fuerza, como un tambor en plena marcha, recordándome cada situación que viví junto a mi esposo y por las que ahora estaba aquí.
Enfrentando mi mayor temor.
A punto de salir del infierno que viví durante dos años.
Donovan caminaba junto a mí, con el ceño fruncido y la mandíbula apretada. No había dormido nada anoche; l