El espanto en la cara de Darcy era destacable.
—¡Rowan, eres Rowan! ¡Eres…! —Se echó hacia atrás, con el corazón saltándole de pasmo en el pecho, y la incertidumbre pintó sus rasgos—. ¿Cómo…? El edificio… ¡te cayó encima!
Actuaba como si estuviera viendo un fantasma, y hasta olvidó por un momento que Andrew Cook lo apuntaba.
—Y dolió mucho, muchísimo —dijo no otro que Rowan Beresford, quien al parecer había salido de entre los muertos—. Tuve suerte de salir con vida —masculló y resopló, aunque